A su corta edad, Ricardo Ordóñez ha escrito una página inédita en el deporte de su país al convertirse en el atleta más joven en defender los colores de Guatemala con la selección mayor. Su debut ocurrió durante la 46.ª Olimpíada Mundial de Ajedrez disputada en Samarcanda, Uzbekistán, donde el pequeño prodigio midió fuerzas en la categoría abierta contra figuras experimentadas del tablero internacional.
El salto autodidacta de Ricardo Ordóñez durante la pandemia
El vínculo de Ricardo con los escaques comenzó en la etapa preescolar gracias a clases introductorias de movimientos básicos. Sin embargo, el verdadero impulso llegó durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19, período en el que comenzó a formarse de forma autodidacta a través de la red. Aunque su padre le brindó las primeras bases sólidas, llegó un punto en que sus conocimientos superaron los del ámbito familiar.
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Por recomendación de su abuela, ingresó a la Federación Nacional de Ajedrez de Guatemala, donde su crecimiento fue meteórico. A los 11 años alcanzó el grado de Maestro FIDE —el guatemalteco más joven en lograrlo— y posteriormente obtuvo su primera norma de Maestro Internacional. Su brillante desempeño en el campeonato nacional absoluto de febrero, donde quedó subcampeón, le garantizó la titularidad en el tercer tablero del equipo nacional.
Los logros del joven guatemalteco para clasificar a la selección
Durante la cita olímpica, el guatemalteco encaró a oponentes de amplio recorrido, incluyendo a un veterano competidor islandés de 62 años. Su actuación más destacada ocurrió en la sexta ronda, cuando firmó el triunfo que le dio la victoria a la delegación nacional frente al equipo de Paraguay. Ricardo definió ese punto como el logro individual del cual se siente más orgulloso en lo que va del torneo.
Más allá del cálculo táctico, el joven resalta la importancia de la fortaleza mental. Para él, dominar los nervios es tan fundamental como conocer la teoría, pues la presión puede nublar el rendimiento si no se afronta disfrutando del juego.
Exigencia diaria y grandes aspiraciones
A pesar de ser un niño que disfruta del Karate, la natación, el fútbol y los videojuegos como Geometry Dash, sus rutinas demandan un alto nivel de disciplina. Incluso en sus jornadas de descanso dedica entre dos y tres horas al estudio del ajedrez, equilibrando el entrenamiento intensivo con sus responsabilidades escolares.
En un certamen dominado por adultos —donde solo cinco de los cerca de dos mil competidores tenían menos de 15 años—, Ricardo destaca con entusiasmo lo especial que resulta competir a este nivel. Su meta final es clara: convertirse en Gran Maestro y, eventualmente, disputar el título de campeón del mundo.
El respaldo familiar y el resultado final de Guatemala en Samarcanda
Este proceso no ha sido sencillo para su entorno. Su madre, Karen Bonilla, reconoce la enorme carga física y psicológica que implican las 11 rondas de un mundial, además del esfuerzo para no descuidar los estudios. Pese a las exigencias, el respaldo de sus compañeros de colegio y el orgullo de ver a su hijo ubicado como la segunda fuerza ajedrecística del país —solo por detrás del histórico Maestro Internacional Carlos Juárez— hacen que el esfuerzo valga la pena.
En el plano colectivo, la selección masculina de Guatemala cerró su participación en la casilla 113 entre 208 naciones, acumulando 10 puntos por equipos y 23 unidades en tableros individuales tras enfrentarse a rivales de diversos continentes.

