Brasil eligió. En una remontada histórica que no ocurría desde la primera elección celebrada tras el fin de la dictadura militar en 1989, Luiz Inácio Lula da Silva logró revertir su derrota en primera vuelta y venció al candidato de derecha, Flávio Bolsonaro, en un apretado balotaje celebrado ayer.
En una jornada que se extendió dos horas más de lo ordinario y que acabó a las 7 p.m., hora local (5 p.m. en Colombia) tras una extensión decretada por el Tribunal Supremo, el actual mandatario logró el 51,78 por ciento de los votos, equivalentes a 64,2 millones de personas, frente al 48,22 por ciento (59,8 millones) a favor del senador por Río de Janeiro e hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
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“Gracias, pueblo brasileño”, dijo el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) en su cuenta de Facebook, quien se convertirá en jefe de Estado de la mayor economía de América Latina por cuarta vez (no consecutiva) para el periodo 2027-2031.
Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido como presidente de Brasil. Foto:AFP
En su primer discurso, afirmó que los brasileños “fueron a votar” para “garantizar la democracia” y declaró que los votantes vencieron “la intromisión” desde el extranjero de las plataformas digitales, las cuales prometió regular.
Mientras que el contrincante del Partido Liberal (PL) afirmó que “es imposible reconocer el resultado de las elecciones” tras la decisión del juez Cristiano Zanin de extender la jornada por presuntos obstáculos para votar que denunció Lula. Por ello, Bolsonaro anunció que pedirá la “anulación” de los comicios.
Y es que el ajustado desenlace confirma la profunda división que atraviesa Brasil desde hace una década y la fortaleza del bolsonarismo, pese a la condena de Jair Bolsonaro a 27 años de prisión por golpismo. Para el mandatario reelecto, el reto será convertir esa victoria en capacidad de gobierno en un país donde casi la mitad del electorado respaldó a su contrincante.
Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido como presidente de Brasil. Foto:AFP
Un Congreso que le pondrá freno
La primera dificultad será política. El Partido Liberal (PL), de la familia Bolsonaro, se consolidó como la principal fuerza del Congreso, con 121 de los 513 escaños de la Cámara de Diputados y 28 de los 81 del Senado.
“Muy poco margen”, resume Flávia Loss, doctora del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de São Paulo, al referirse sobre las posibilidades de Lula de sacar adelante su agenda legislativa.
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El mandatario dependerá del llamado Centrão, un bloque de partidos de centro y centroderecha que suele apoyar al gobierno de turno a cambio de cargos y recursos. Sin embargo, las negociaciones serán complejas ante una oposición fortalecida y un bloque parlamentario que dispone de mayor autonomía presupuestaria.
Loss considera que el bolsonarismo no busca necesariamente acuerdos programáticos, sino derrotar las iniciativas del PT. “No se trata de un debate de ideas para encontrar las mejores alternativas para el país, sino de la destrucción del adversario político”, afirma.
Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido como presidente de Brasil. Foto:AFP
Para avanzar, Lula necesitará mantener la movilización popular de la campaña y convertirla en respaldo a sus proyectos durante el mandato, una tarea que, según la experta, será especialmente difícil para un partido de izquierda.
La deuda y el dilema de financiar la agenda social
El frente económico tampoco será sencillo. El déficit fiscal brasileño alcanza el 9,48 por ciento del PIB y la deuda pública ronda el 82,9 por ciento, según cifras difundidas antes de las elecciones. Los elevados intereses encarecen el endeudamiento estatal, frenan la inversión y dificultan la financiación de las políticas sociales.
Pedro Rossi, investigador asociado del Instituto de Economía de la Universidad Estatal de Campinas y vicepresidente de Política e Ideas del Global Fund for a New Economy, defiende una estrategia que combine crecimiento económico, empleo de calidad y reducción de las desigualdades.
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Para ello, propone impulsar inversiones en infraestructura, vivienda, salud y educación, junto con una política industrial orientada a la transición ecológica. También plantea fortalecer los salarios y mejorar las condiciones laborales.
Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido como presidente de Brasil. Foto:AFP
“La sostenibilidad fiscal debe apoyarse en una tributación más progresiva, una evaluación rigurosa de los beneficios fiscales y una planificación presupuestaria que proteja las inversiones prioritarias”, señala Rossi.
El economista propone aumentar la contribución de las rentas altas y los grandes patrimonios, revisar los privilegios tributarios y combatir la evasión. No obstante, estas medidas enfrentarán resistencias en un Congreso donde tienen influencia sectores económicos poderosos.
Rossi advierte que la victoria electoral abre una oportunidad para profundizar la agenda social, pero no garantiza su ejecución. “La conciliación tiene límites cuando avanzar significa modificar la distribución de la riqueza y del poder”, sostiene.
Seguridad y soberanía frente a Washington
La inseguridad será otra prueba para Lula. Las facciones criminales controlan territorios en distintas ciudades, mientras la oposición cuestiona la respuesta del gobierno. El problema tiene, además, una dimensión internacional: la administración de Donald Trump declaró organizaciones terroristas al Primeiro Comando da Capital y al Comando Vermelho, las dos mayores facciones criminales de Brasil. La decisión despierta preocupación en Brasilia por sus implicaciones para la soberanía nacional.
Lula da Silva, presidente de Brasil. Foto:EFE
Y, en el plano internacional, la relación con Washington será uno de los desafíos más delicados. Trump impuso aranceles punitivos a productos brasileños en represalia por el proceso judicial contra Jair Bolsonaro y posteriormente aplicó un nuevo gravamen del 25 por ciento. Aunque ambos gobiernos restablecieron el diálogo, las tensiones persisten. Trump todavía no se ha pronunciado sobre la victoria de Lula.
Loss explica que la diplomacia brasileña consiguió reabrir los canales de comunicación con Washington gracias al trabajo de sus diplomáticos y a la presión de empresarios afectados por los aranceles. La respuesta de Lula fue buscar nuevos mercados y acelerar el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea.
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Para el próximo mandato, la estrategia será mantener el diálogo diplomático y diversificar las relaciones comerciales. Pero Loss advierte que el contexto regional complicará esa tarea. “La victoria de Lula coloca a Brasil en una posición muy difícil en una América del Sur”, donde la mayoría de los gobiernos son de derecha, explica.
Simpatizantes de Lula Da Silva durante una manifestación en Río de Janeiro, Brasil. Foto:AFP
La politóloga señala que Brasil podría recibir presiones para adoptar medidas de seguridad promovidas por Washington, como clasificar el narcotráfico como terrorismo, pese a las particularidades del fenómeno criminal brasileño. También alerta sobre el riesgo de que esas presiones alimenten propuestas de intervención militar estadounidense en territorio brasileño.
Lula tendrá que defender la soberanía nacional sin romper los canales de negociación con uno de sus principales socios comerciales. En paralelo, deberá negociar con un Congreso adverso, sanear las cuentas públicas y proteger su agenda social. Su victoria le garantiza un nuevo mandato, pero el estrecho margen electoral confirma que gobernarás un país profundamente dividido.

