Pocos recuerdan que, antes de convertirse en presidente por primera vez, Luiz Inácio Lula da Silva tuvo que perder tres veces. En 1989, un Lula de 44 años con una carrera sindical ya consolidada cayó ante Fernando Collor, solo para perder nuevamente cinco años después, esta vez frente a Fernando Henrique Cardoso, y una tercera vez cuatro años más tarde ante el mismo rival.
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El hoy considerado ícono de la izquierda brasileña no habitaría el Palacio de la Alvorada, la casa presidencial de Brasil, sino hasta el 2002, ya con 57 años. Hoy, más de dos décadas después de aquella primera victoria, el octogenario mandatario volvió a imponerse en las urnas, esta vez frente a Flávio Bolsonaro.
No hay nadie en este país con más experiencia como presidente que yo
El balance favorece al histórico dirigente sindical: 4 victorias frente a 3 derrotas. Con 12 años acumulados en la presidencia y un nuevo triunfo que prolonga su influencia, Lula reafirma su lugar como uno de los principales referentes de la izquierda latinoamericana y protagonista de la llamada ola rosa en el continente, en un momento en el que el avance de la derecha redefine el panorama político regional.
Da Silva resultó vencedor este domingo en una apretada segunda vuelta contra el senador de Río de Janeiro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, con quien también se había enfrentado en las urnas en 2022.
Luiz Inacio Lula da Silva durante un discurso a sus seguidores. Foto:AFP
Más allá del resultado de este domingo, Lula, quien ya había adelantado que no se volvería a presentar como candidato, ratifica con esta victoria el peso de una trayectoria de más de medio siglo en la vida sindical y política brasileña.
Sin embargo, se abren nuevos interrogantes sobre el futuro de la izquierda y la persistencia del bolsonarismo.
De la pobreza a la presidencia
“Todo lo que me pasó en la vida fue un milagro”, se asombraba el propio Lula durante uno de sus mítines en campaña en los que insistía de que su hora no ha pasado, pese al desgaste de los años.
Tras un cáncer de piel, se tocó con un sombrero sobre su cabello antes negro y abundante, hoy gris y ralo, al igual que su característica barba.
Pero él insistía: se siente en mejor forma que nunca.
Nació el 27 de octubre de 1945 en el seno de una familia pobre de agricultores de Pernambuco, en el nordeste de Brasil. Fue el séptimo de ocho hijos. En 1952, cuando su madre fue abandonada por su marido, se trasladó con sus hijos a la región industrial de São Paulo para escapar del hambre.
Lula empezó a trabajar a los 14 años y, en 1964, cuando se desempeñaba como tornero industrial, perdió el dedo meñique de la mano izquierda en un accidente de fábrica que décadas después se convertiría en uno de sus principales sellos.
Luiz Inácio Lula da Silva na história do cinema brasileiro: ABC da Greve (1979–1990), de Leon Hirszman.
Em 25 de março de 1979, após a intervenção nos sindicatos do ABC, Lula discursa para milhares de metalúrgicos em São Bernardo do Campo e reafirma a força da greve. https://t.co/mYtASmoUe1
— Cinelimite (@cinelimite) October 23, 2026
Años después, encontraría en las reivindicaciones laborales el camino para convertirse en una de las figuras más influyentes de la izquierda brasileña.
Elegido presidente de un sindicato metalúrgico, en 1979 encabezó una histórica huelga contra la dictadura militar que movilizó a unos 170.000 trabajadores. Su liderazgo lo catapultó a la escena nacional en un momento en el que Brasil atravesaba una transición política que terminaría por abrir paso al retorno de la democracia.
El 10 de febrero de 1980, cofundó el Partido de los Trabajadores (PT), una formación que reunió a sindicalistas, intelectuales y sectores de la izquierda brasileña y que él mismo ha liderado durante décadas. Desde allí comenzó a construir una alternativa política que buscaba llevar las demandas de los trabajadores a las instituciones.
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Pero el camino hacia la presidencia sería más largo de lo esperado. A pesar de sus tres derrotas electorales entre 1989 y 1998, Lula consolidó su posición como referente de la oposición y una de las principales figuras de la izquierda latinoamericana, en una época en la que varios gobiernos progresistas comenzaban a ganar terreno en la región.
La victoria llegó en 2002, cuando, tras casi dos décadas de intentos, se convirtió en el primer mandatario brasileño surgido de la clase obrera. Asumió el cargo en enero de 2003, a los 57 años, con la promesa de combatir la pobreza y reducir las profundas desigualdades sociales de la mayor economía de América Latina.
Lula da Silva impulsó una política social en Brasil. Foto:AFP
El auge de Lula y las sombras de la corrupción
Durante sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, Lula impulsó programas sociales que ampliaron la asistencia a los hogares más pobres, entre ellos Bolsa Família, que terminaría convertido en uno de los principales símbolos de su legado. La expansión de estas políticas coincidió con el auge de las materias primas, que favoreció el crecimiento económico y ayudó a financiar las iniciativas sociales de su gobierno.
Su gestión le permitió construir una amplia base de apoyo popular y proyectarse más allá de las fronteras brasileñas. Lula se convirtió en uno de los principales rostros de la llamada ola rosa latinoamericana, el giro hacia gobiernos de izquierda que marcó buena parte de la política regional durante los primeros años del siglo XXI. También consolidó una imagen de defensor del multilateralismo y portavoz de los intereses del Sur Global.
Lula da Silva acumula una carrera sindical y política de más de 50 años. Foto:Archivo El Tiempo
En 2006 fue reelegido con una victoria contundente y terminó su segundo mandato con niveles récord de popularidad. Sin embargo, su gobierno y el partido que lo llevó al poder quedaron salpicados por grandes escándalos de corrupción que dejaron profundas marcas en la política brasileña y alimentaron la polarización que terminaría por acompañarlo durante el resto de su trayectoria.
Tras dejar la presidencia, en 2011 le diagnosticaron un cáncer de laringe. Un tratamiento intensivo le permitió superar la enfermedad en unos meses. En el plano personal, también enfrentó un golpe doloroso en 2017, cuando murió Marisa Letícia, su esposa durante 43 años y madre de cuatro de sus cinco hijos.
Pero el mayor revés político estaba por llegar. Los escándalos de corrupción se convirtieron en el principal obstáculo para el regreso del antiguo líder sindical a la presidencia.
Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Foto:AFP / Ilustración de EL TIEMPO
580 días tras las rejas
En 2018, una condena por corrupción llevó a Lula a prisión, en medio de las investigaciones que sacudieron a la política brasileña. El encarcelamiento le impidió participar en las elecciones presidenciales de ese año, en las que el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro terminó imponiéndose.
Lula pasó 580 días tras las rejas, mientras Bolsonaro ocupaba el Palacio de Planalto. Para sus adversarios, la condena confirmaba las acusaciones que pesaban sobre el dirigente del PT; para sus partidarios, su encarcelamiento se convirtió en un símbolo de la persecución política contra el histórico líder de la izquierda.
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“han ordenado mi arresto y voy a cumplirlo”: a horas del balotaje entre da silva y bolsonaro, recuerdan el último discurso de lula antes de convertirse en preso político por segunda vez, desde el mismo sindicato metalúrgico donde lideró las históricas huelgas en dictadura. https://t.co/jcUsLaK7kL
— make argentina gay again (@makearggayagain) October 24, 2026
La historia dio un nuevo giro en 2021, cuando el Supremo anuló sus condenas por errores de procedimiento y cuestionamientos a la imparcialidad del juez. La decisión le devolvió sus derechos políticos y abrió la puerta a una nueva candidatura presidencial.
Sin embargo, no borró las controversias que rodeaban su trayectoria. La derecha brasileña siguió utilizando las acusaciones de corrupción como arma política contra él, una sombra que lo acompañaría incluso después de recuperar la libertad y volver a competir por el poder.
El regreso de un histórico
En 2022, Lula regresó a las urnas y derrotó por un estrecho margen al entonces presidente Bolsonaro en la segunda vuelta. Con 77 años, logró una victoria que parecía improbable y se convirtió en el primer presidente brasileño elegido democráticamente para ejercer tres mandatos no consecutivos.
Mientras tanto, Jair Bolsonaro fue posteriormente condenado a 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado contra su sucesor, en un proceso que la derecha aprovechó para impulsar el discurso de persecución contra el bolsonarismo y la oposición de Lula.
Su retorno supuso una nueva oportunidad para recuperar las políticas sociales y ambientales debilitadas durante el gobierno de su antecesor. En el plano internacional, volvió a presentarse como un defensor del diálogo y de los países en desarrollo.
Lula venció en las urnas a Jair Bolsonaro. Foto:AFP
Sin embargo, el tercer mandato también ha evidenciado los límites de su proyecto político. El regreso de programas emblemáticos como Bolsa Família reafirmó la importancia de su legado social, pero la polarización del país y las controversias que rodearon sus anteriores gobiernos siguen pesando sobre su figura.
Su victoria por un estrecho margen refleja tanto la capacidad de Lula para mantenerse como el desgaste acumulado tras décadas de protagonismo.
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Tras casi 12 años acumulados en la presidencia, Lula deja una huella difícil de separar de las transformaciones recientes de Brasil. Su legado está asociado a la reducción de la pobreza, la ampliación de la protección social y la proyección internacional del país, pero también a las controversias políticas y a una polarización que condiciona el futuro de su proyecto.
En 2024, durante un encuentro con medios de comunicación extranjeros, el mandatario resumió su lugar en esa historia con una frase que retrata tanto su confianza como la dimensión de su trayectoria: “No hay nadie en este país con más experiencia como presidente que yo”.

