Brasil escogió: Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido este domingo como presidente para el periodo 2027-2031. El actual mandatario ocupará la jefatura de Estado por cuarta vez tras vencer al senador y aspirante de derecha, Flávio Bolsonaro, en una apretada segunda vuelta.
Con el 99,87 % de los votos contados, el dirigente de izquierda acumula el 51,76 % de los votos, que representan a más de 64 millones de respaldos. Por su parte, el hijo del exmandatario Jair Bolsonaro registra 59,7 millones de votos, que representan un 48,24 % del total de sufragios.
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Es la primera vez desde el fin de la dictadura militar (1964-1985) que un candidato que quedó en segundo lugar en la primera ronda electoral se impone en la segunda a su adversario.
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— Rodolfo vulgo Advogado do Diabo .:. com OAB e td (@rodolfoprado) October 25, 2026
En la primera vuelta, Flávio fue el más votado con el 47 % de los apoyos, dos puntos más que el dirigente progresista, lo que se tradujo en una diferencia de 2,2 millones de votos.
Este domingo, en la segunda vuelta, Lula ha revertido ese resultado y le ha sacado más de cuatro millones de votos a su adversario.
Con el triunfo, Brasil se desvía del giro a la derecha que han dado países como Argentina, Chile o Colombia, respaldados por el presidente estadounidense Donald Trump, y se mantiene como uno de los pocos bastiones progresistas en la región.
En la plaza Cinelandia, en el centro de Río, los simpatizantes de Lula lloraban.
“Estoy muy emocionada, es una victoria histórica para el presidente Lula. El pueblo se movilizó, se unió y estamos aquí hoy”, dijo a la AFP la abogada Mariana Andrade, de 33 años.
Lula venció a Flavio Bolsonaro. Foto:EFE
Una vida dedicada a la política
Antes incluso de esta reelección, Lula, el primer presidente obrero de Brasil, ya ostentaba un récord: ningún presidente elegido democráticamente ha gobernado el país durante tanto tiempo.
Quien ya es uno de los dirigentes más longevos del mundo tendrá 85 años al término de su nuevo mandato en 2030 y habrá acumulado así 16 años en el poder, tras un primer periodo en la presidencia de 2003 a 2010.
Pero la campaña mostró hasta qué punto el país sigue dividido.
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Poco conocido cuando su padre lo ungió como heredero, Flávio Bolsonaro, de 45 años, se presentó como una versión más moderada y sedujo con promesas de cambio a conservadores y a votantes menos ideologizados, hartos de la inseguridad, el costo de vida y el estancamiento.
Luiz Inácio Lula da Silva votando en la primera vuelta. Foto:EFE
Para dar vuelta al resultado de la primera vuelta, Lula multiplicó en la recta final las medidas populares, muchas de ellas costosas.
Aumentó las partidas de Bolsa Familia, su programa social estrella destinado a las familias más pobres.
También impulsó la aprobación de una reforma constitucional que reduce la jornada de trabajo y otorga a millones de brasileños un día adicional de descanso semanal.
Lula enarboló la bandera de la soberanía, acusando a Donald Trump de querer entrometerse en la votación.
Pero fue Meta la que, en los últimos días, se convirtió en el blanco de los ataques más duros de la izquierda.
La empresa estadounidense, dueña de Facebook, WhatsApp e Instagram, fue acusada por el equipo de Lula de favorecer a su rival mediante una “manipulación algorítmica”.
Meta lo negó, pero reconoció errores como la desactivación de anuncios de la campaña de Lula por motivos técnicos.
Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro durante un debate previo a la segunda vuelta en Brasil. Foto:AFP
Una victoria con poco apoyo en el Legislativo
Para su cuarto mandato, el margen de maniobra se anuncia limitado.
Tanto por el tsunami conservador que barrió el Congreso en las legislativas de hace tres semanas como por la coyuntura económica, con un crecimiento que debe desacelerarse.
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Aunque el desempleo está en su nivel más bajo y la inflación, relativamente contenida, a los círculos empresariales les inquieta el estado de las finanzas públicas.
Flávio Bolsonaro llegó a hablar de un “país arruinado”.
Lula tendrá que enfrentarse asimismo al inmenso desafío de la inseguridad, en un país donde las facciones criminales siembran el terror en los barrios populares.
Con AFP y EFE

