La guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán podría tener repercusiones que se sentirían también en América Latina. Los efectos no solo se limitarían al frente económico -donde ya se observan señales de impacto-, sino que podrían extenderse a los ámbitos de la seguridad y la política regional.
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Así lo advierte Evan Ellis, experto en América Latina del Colegio de Guerra de Estados Unidos y miembro del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), en un análisis reciente sobre las posibles consecuencias del conflicto para el hemisferio occidental.
Según Ellis, la ofensiva, que la propia Casa Blanca sugiere que podría prolongarse por semanas, ya se perfila como la acción militar más importante del segundo gobierno de Donald Trump, superando incluso las recientes operaciones estadounidenses en el Caribe.
Y aunque el enfrentamiento ocurre a miles de kilómetros del hemisferio occidental, sus repercusiones podrían sentirse rápidamente en América Latina a través de efectos indirectos que van desde los mercados energéticos hasta los equilibrios políticos y de seguridad en la región.
Funeral de Haytham Ali Tabatabai en Beirut, máximo líder militar de Hezbolá. Foto:AFP
La sombra de Hezbolá en América Latina: ¿Existe riesgo de ataques en la región?
Uno de los focos de atención tiene que ver con la presencia histórica en América Latina de Hezbollah, el grupo libanés aliado de Irán. Según Ellis, la organización mantiene desde hace décadas redes en distintos países del hemisferio utilizadas principalmente para recaudar fondos y, en algunos casos, para operaciones clandestinas.
El analista recuerda que la organización fue responsable de dos de los atentados más graves registrados en la región: el ataque contra la embajada de Israel en Buenos Aires en 1992 y el atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994.
Sin embargo, Ellis considera que la probabilidad de un gran ataque en la región como represalia directa por la guerra es relativamente limitada. Las recientes acciones militares israelíes contra Hezbollah en Medio Oriente habrían debilitado significativamente a la organización, y los cambios políticos en América Latina también habrían reducido su margen de maniobra.
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Entre esos cambios menciona la caída del gobierno del MAS en Bolivia y la captura de Nicolás Maduro en la operación estadounidense de enero de 2026 en Venezuela, dos países que anteriormente ofrecían entornos más permisivos para actividades de aliados de Irán.
Aun así, el analista no descarta la posibilidad de protestas o disturbios en distintas ciudades del hemisferio contra la ofensiva militar, algo que ya se observó en varios países durante la guerra de Israel contra Hamás en Gaza.
¿Podría la guerra darle margen a Venezuela, Cuba y Nicaragua?
Más allá de la dimensión de seguridad, el conflicto también podría tener efectos políticos indirectos en América Latina. Gobiernos autoritarios como los de Venezuela, Cuba y Nicaragua podrían interpretar que Washington tendrá menos capacidad o atención para presionarlos mientras se concentra en la crisis en Medio Oriente.
Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, y su esposa, Rosario Murillo. Foto:AFP
Esto podría incentivarlos a consolidar sus posiciones internas o desafiar más abiertamente a Estados Unidos, al menos en el corto plazo.
Sin embargo, Ellis sostiene que es poco probable que Washington abandone su enfoque en América Latina. Funcionarios del Departamento de Estado con amplia experiencia en la región siguen ocupando posiciones clave y, según el experto, Trump demostró en el pasado la capacidad de alternar su atención entre distintos frentes geopolíticos.
Una prueba temprana de esa dinámica podría ser la cumbre convocada para el 7 de marzo en Mar-a-Lago con socios estadounidenses del hemisferio. Aunque la agenda podría verse influida por la crisis en Medio Oriente, el encuentro serviría como indicador de hasta qué punto la administración mantiene su enfoque en la región.
El tablero geopolítico tras la guerra: ¿Quién saldría fortalecido del conflicto?
El análisis también plantea escenarios más amplios sobre cómo podría evolucionar la guerra. Incluso si la fase actual del conflicto es relativamente breve, podría alterar el equilibrio político internacional.
Entre los posibles desenlaces figura la sustitución del actual régimen teocrático iraní por otro gobierno autoritario dispuesto a negociar con Washington, reducir el apoyo al terrorismo islamista y reabrir su sector energético a la inversión occidental.
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Un escenario de ese tipo fortalecería a los aliados de EE. UU. en el Golfo Pérsico, mejoraría la seguridad de Israel y debilitaría la influencia de China, que hoy mantiene una relación económica estrecha con Teherán.
Para América Latina, advierte Ellis, el resultado podría ser una especie de “montaña rusa” política. En un primer momento, varios gobiernos de izquierda, como los de Brasil, Colombia o México, probablemente critiquen el costo humano del conflicto y alerten sobre sus efectos económicos.
Pero si Washington emerge fortalecido de la confrontación, el equilibrio regional podría inclinarse gradualmente hacia gobiernos más alineados con EE. UU., mientras aumenta la presión sobre regímenes autoritarios del hemisferio.
El golpe económico que podría sentir la región
En el corto plazo, el impacto más inmediato sería económico. El analista señala que los precios del petróleo ya están subiendo y podrían aumentar significativamente si Irán decide restringir el tráfico por el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más estratégicos para el transporte mundial de crudo.
Página del sitio web Marinetraffic que muestra el tráfico de barcos en el estrecho de Ormuz. Foto:AFP
Un escenario de ese tipo golpearía especialmente a países del Caribe y Centroamérica que dependen en gran medida de las importaciones de energía. Un alza prolongada del precio del petróleo también se traduciría en mayores costos de transporte, electricidad y alimentos, lo que presionaría economías que ya enfrentan fragilidades fiscales y altos niveles de inflación.
A esto se suma la posible interrupción de las rutas logísticas entre América Latina y Asia. Si el conflicto se amplía y pone en riesgo el tránsito por corredores clave como el mar Rojo o el canal de Suez, las cadenas de suministro podrían verse afectadas, lo que podría generar retrasos, escasez de inventarios y nuevas presiones inflacionarias en la región.
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En cualquier caso, el panorama inmediato para América Latina no parece sencillo. El aumento de los precios de la energía, el encarecimiento del transporte y posibles interrupciones comerciales podrían traducirse en presiones sociales y protestas en varios países.
Paradójicamente, concluye Ellis, la región podría entrar en la segunda mitad del año con economías más estresadas y sociedades más polarizadas respecto al papel de EE. UU. en la guerra, pero también con un mayor número de gobiernos dispuestos a trabajar con Washington que en cualquier momento reciente.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington – @sergom68
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