Los peruanos votarán hoy a un nuevo presidente entre un récord de 35 candidatos, para gobernar un país tomado por el crimen organizado y con una inestabilidad política crónica.
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Perú, que ha tenido ocho presidentes en diez años, celebra elecciones generales el domingo. Foto:AFP
En Perú, de 34 millones de habitantes y con sufragio obligatorio, los discursos de mano dura inclinan las preferencias hacia las candidaturas de derecha, con la hija del fallecido exdictador Alberto Fujimori, Keiko Fujimori, a la cabeza. Sin embargo, la regla general es que la mayoría de los votantes llegan a esta primera vuelta desilusionados del sistema, en la que también elegirán un Congreso unicameral para escoger diputados y senadores por primera vez desde 1990.
“La mayoría de mis amigos me dicen que votarán nulo o blanco. Es preocupante“, dice Sebastián Varga, estudiante de 19 años, quien se declara indeciso. El 16 % de los votantes no sabe por quién volcarse y otro 11 % se dispone a votar en blanco, de manera nula o por ningún candidato, según un reciente sondeo de Ipsos.
“Ninguno convence“, dice por su parte Ainhoa Hurtado, otra estudiante de 21 años que dará su voto a uno de los primeros en las encuestas, al “mal menor” entre ellos. “Si no, mi voto no valdrá nada“, añade.
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Para la socióloga Lucía Nuevo, experta en marketing político, el electorado está “poco informado” debido a la excesiva fragmentación de las candidaturas y “desconfiado” de una clase política que “no permite que se generen simpatías”.
Y es que con una grave crisis política que ha llevado al país a enfrentar una sucesión de ocho presidentes desde 2016 -el parlamento destituyó a cuatro y empujó a la renuncia a otros dos- lo que más esperan los peruanos es que a quien elijan pueda cumplir su mandato de cinco años.
Voluntarios de la Oficina de Procesos Electorales transportan material a la selva centro-oriental. Foto:AFP
“La Constitución otorga al Congreso amplias facultades para remover al presidente mediante la figura de la vacancia moral, cuya interpretación es flexible. Esto ha generado un desequilibrio en la relación Ejecutivo-Legislativo y ha facilitado la inestabilidad”, explica Eduardo Ruiz, analista de riesgo global para la Región Andina de Control Risks.
Sin embargo, para el experto, el origen más profundo es político: “Más que una simple debilidad, el sistema presenta una baja institucionalización partidaria, partidos altamente personalistas y una débil cohesión interna. Esto, junto con la alta fragmentación electoral ha dado lugar a una clase política con incentivos de corto plazo, frecuentemente orientada a intereses individuales más que colectivos”, agrega Ruiz al advertir que “la limitada presión social organizada y la apatía ciudadana contribuyen a perpetuar este equilibrio inestable”.
Keiko Fujimori, candidata que se postula por cuarta vez, parte como la favorita con 15 % de las preferencias. Compiten por enfrentarla en una segunda vuelta casi asegurada el centrista exalcalde de Lima Ricardo Belmont, el comediante derechista Carlos Álvarez y el ultraconservador Rafael López Aliaga, con muy poca diferencia entre ellos entre el 9 y 10 % de intención de voto.
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“Más revelador aún es que detrás de ellos se agrupa un pelotón de al menos cinco candidatos adicionales, todos moviéndose en una franja estrecha de entre 4,5 % y 6 %”, explica por su parte el analista Daniel Zovatto, director de Radar Latam 360.
La candidata presidencial peruana Keiko Fujimori, del partido Fuerza Popular. Foto:AFP
“En un escenario de esta naturaleza, pequeños movimientos de última hora pueden alterar de manera decisiva el orden de llegada y definir quiénes pasan a la segunda vuelta exponiendo una vez más la profundidad de la crisis estructural del sistema político peruano”, asegura el experto al considerar el alto riesgo que significa que una parte importante de la ciudadanía tomará la decisión a último momento, sin anclajes partidarios estables y bajo el impacto inmediato de percepciones coyunturales, emociones o rechazos más que de convicciones programáticas.
Según la encuesta regional Latinobarómetro, más del 90 % de los peruanos tienen “poca” o “ninguna confianza” en su gobierno y su parlamento, las cifras más altas de América Latina.
Un Estado limitado por la inestabilidad
“Hemos tenido más de una decena de ministros del interior en los últimos dos gobiernos. Claramente, no es solo un problema de inestabilidad, sino de la incapacidad política de los delegados al frente de las carteras”, señala el académico peruano Andrés Calderón.
Entre tanto, la escalada de inseguridad impulsada por grupos criminales extranjeros que compiten con los locales es la principal preocupación de los peruanos. Sin embargo, la economía nacional se mantiene estable como una de las más estables de la región, con la inflación más baja de Latinoamérica y crecientes exportaciones mineras.
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Los homicidios anuales pasaron de 1.000 en 2018 a 2.600 en 2025, mientras que las denuncias por extorsión se dispararon de 3.200 a más de 26.500 en el mismo periodo, según datos de la policía. Años atrás, la inseguridad ya era una fuerte inquietud de los peruanos debido a delitos como robos o hurtos. “Lo que ha cambiado es la dureza, la intensidad del crimen: extorsión, ataques, asesinatos“, explica la socióloga Patricia Zárate, investigadora del Instituto de Estudios Peruanos.
Policía Nacional de Perú (PNP) desplegada para garantizar seguridad durante la jornada. Foto:EFE
Según Zárate, los electores “piensan que la política está asociada no solo a la corrupción, sino también al crimen organizado“, y esperan “más de lo mismo“.
“La inestabilidad política en Perú reduce significativamente la capacidad del Estado para abordar problemas estructurales como la pobreza y la inseguridad, principalmente porque debilita la continuidad de políticas públicas y la capacidad institucional. En este contexto, las administraciones están principalmente enfocadas en su supervivencia política de corto plazo, en lugar de implementar reformas estructurales de largo alcance”, comenta por su parte Ruiz de Control Risks.
Los analistas coinciden en que sin importar quién asuma el poder, será clave construir y mantener una coalición funcional en el Congreso que actúe como “escudo legislativo”. Sin ese respaldo, el riesgo de destitución será alto desde el inicio.
Asimismo, deberá evitar escándalos de corrupción o crisis de legitimidad, ya que estos han sido detonantes recurrentes de procesos de vacancia en los últimos años, así como mantener una agenda moderada y pragmática.
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“La supervivencia presidencial en Perú será principalmente una función de gestión política y control de riesgos, más que de fortaleza institucional”, enfatiza Ruiz.
Algunos candidatos a la presidencia: Caller (i), Vizcarra, Pérez (c), Jaimes, Chiabra y Sánchez. Foto:EFE
Por su parte, Zovatto destaca que la crisis actual no es una anomalía del pasado: es una advertencia sobre el futuro inmediato. “Lo que está en juego en Perú no es solo la definición de su próximo presidente, sino saber si la democracia conserva aún la capacidad de producir representación, estabilidad y gobernabilidad. Y, por ahora, los datos disponibles obligan a una lectura sobria: la elección sigue abierta, el sistema de representación sigue roto y el futuro inmediato continúa peligrosamente incierto e inestable políticamente”, afirmó.
(*) Con información de Efe y AFP
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