Un equipo del Departamento de Ecología y Biodiversidad de la Universidad Andrés Bello (UAB) de Chile confirmó la existencia de una nueva especie de pulpo de aguas profundas en el Pacífico suroriental, luego de examinar especímenes conservados durante décadas en museos de distintos países.
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El hallazgo fue dado a conocer en la ‘Revista de Ciencias Marinas e Ingeniería’ y corresponde a una especie del género ‘Graneledone’. Sus descubridores, María Cecilia Pardo y Christian Ibáñez, la denominaron ‘Graneledone Sellanesi‘ en reconocimiento a Javier Sellanes, académico de la Universidad Católica del Norte e investigador del Centro de Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas.
Según declaraciones de Ibáñez publicadas en el sitio web de la UAB, no se registraba una nueva especie de ‘Graneledone’ desde hace 25 años. Con esta incorporación, el grupo “pasa a contar con 11 especies reconocidas a nivel mundial”, lo que, de acuerdo con el investigador, reafirma la relevancia del Pacífico suroriental como “reservorio de biodiversidad marina”.
La especie fue nombrada ‘Graneledone Sellanesi’ en honor a Javier Sellanes. Foto:Instagram: @schmidtocean
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Ejemplares recolectados entre 1980 y 2007
La identificación se concretó tras revisar ejemplares almacenados en colecciones biológicas de museos de Alemania, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Chile. De acuerdo con Ibáñez, estos organismos “estaban esperando a que alguien los mirara con atención y los interpretara en su justa dimensión”, ya que existían registros del género ‘Graneledone’ en el sur de Chile entre 1980 y 1997.
Al menos siete individuos habían sido recolectados por el Museo Nacional de Historia Natural de Santiago y permanecían sin clasificación. A ellos se sumó un ejemplar hallado en 2007 entre la captura de una pesca de bacalao, que tampoco había sido identificado hasta ahora.
Estos antecedentes resultaron “clave”, según Ibáñez, para “confirmar que “estábamos frente a una nueva especie de pulpo””, explicó el investigador.
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Rasgos distintivos de la especie
Los investigadores señalaron que, más allá de la evidencia genética, fueron determinantes los rasgos fenotípicos observables. En particular, la cantidad y disposición de las verrugas que recubren la piel varían entre especies del mismo género. Este elemento permitió “comprender que estamos frente aun ser único”, indicó Pardo.
Agencia EFE
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de EFE, y contó con la revisión de la periodista y un editor.
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