La
Dra. Jara Rodríguez Fariñas, directora del Grado de Relaciones Internacionales,
y el Dr. Ignacio De Angelis, docente de Facultad de Ciencias Sociales y
Jurídicas, ambos de la Universidad Internacional de Valencia – VIU,
perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades
advierten que las elecciones marcarán un giro hacia agendas más pragmáticas,
con fuertes tensiones entre estabilidad económica, legitimidad social y
seguridad.
El
inicio de 2026 encontrará a América Latina atravesando uno de los periodos
electorales más intensos de la última década. Entre los comicios celebrados en
el último trimestre de 2025 y las elecciones previstas para el primer semestre
de 2026, la región entra en un superciclo que pondrá a prueba la capacidad de
los mandatarios para gobernar en un escenario marcado por bajo crecimiento
económico, restricciones fiscales, miedo colectivo y una creciente demanda
social.
Según
explica el Dr. Ignacio De Angelis, docente de la Facultad de Ciencias Sociales
y Jurídicas de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), perteneciente a
la red de educación Planeta Formación y Universidades, el ciclo político que se
abre apunta a un cambio claro en las prioridades regionales.
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«El
ciclo 2025-2026 probablemente confirme un giro pragmático con rasgos de
recentramiento político», explica. «Si bien las sociedades tienden a priorizar
estabilidad antes que narrativas ideológicas, el crecimiento de las corrientes
reaccionarias y la merma del progresismo forman un nuevo mapa político regional
que favorece el acercamiento a EE.UU. Y este país, por su parte, busca socios
previsibles frente a China, mientras la UE intenta recuperar presencia sin
ofrecer recursos comparables».
Es
un reacomodo frente a un panorama económico complejo. La inflación ha estado
más contenida que en años anteriores, pero los precios relativos han sido más
inestables. El bajo crecimiento y escaso margen fiscal obliga a los nuevos
gobiernos a tomar decisiones difíciles. Para De Angelis, la fragmentación
social y la desigualdad tienden a consolidarse como modelo de desarrollo en la mayoría
de los países de la región.
«Si
bien los cambios sistémicos globales ofrecen ventanas de oportunidad para el
desarrollo de los países, lo cierto es que no existen atajos», detalla. «La
disciplina fiscal en países sobreenduedudados muchas veces prima sobre la
acumulación de capacidades productivas, científicas y tecnológicas, al mismo
tiempo que la ideología prima sobre el pragmatismo en política exterior, dando
como resultado una combinación letal para el desarrollo que tiende a más
endeudamiento y mayor dependencia».
En
materia social, el panorama de los nuevos gobiernos latinoamericanos en 2026
estará fuertemente influido por la percepción de seguridad de la población. El
miedo está sustentando tanto las campañas como los resultados, según analiza la
Dra. Jara Rodríguez Fariñas, directora del Grado de Relaciones Internacionales
de la Universidad Internacional de Valencia – VIU.
«Candidatos
que prometen mano dura, militarización o estrategias de seguridad “rápidas y
visibles” parten con ventaja en contextos donde la violencia supera la
capacidad del Estado», detalla. «El riesgo es que, bajo la presión de la
ciudadanía por soluciones inmediatas, algunos gobiernos justifiquen
concentración de poder, debilitamiento de contrapesos o retrocesos institucionales.
Organismos internacionales ya advierten que esta dinámica podría acelerar
procesos de erosión democrática».
A
esto se suma la presión económica. Altos niveles de informalidad, endeudamiento
y un crecimiento insuficiente limitan la capacidad de cumplir promesas
electorales ambiciosas, lo que amplía la brecha entre expectativas ciudadanas y
resultados reales. Esa frustración, coinciden los expertos, puede traducirse en
mayor polarización e inestabilidad política.
La
migración también se consolida como tema central del debate público, algo que
ya Chile dejó claro con su nuevo mandatario. Los flujos hacia Estados Unidos y
los desplazamientos internos en la región obligan a los gobiernos a fijar
posiciones claras en materia de fronteras, cooperación internacional y acceso a
servicios públicos, convirtiéndose en un eje electoral y diplomático de primer
orden.
Los
fenómenos globales también inciden directamente en las decisiones locales.
Conflictos internacionales, inflación importada y crisis climática condicionan
la política económica, la política exterior y la gobernanza interna.
«Además
de afectar la economía, estos fenómenos redefinen qué políticas son posibles y
cuáles deben ser postergadas», explica Rodríguez Fariñas. «En 2026, gobernar en
América Latina significará equilibrar seguridad alimentaria, estabilidad
fiscal, seguridad y sostenibilidad ambiental en medio de una competencia
geopolítica cada vez más intensa».
Universidad Internacional de Valencia
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