“Aquí no hay soluciones mágicas, (…) vamos a tener un año muy duro porque las finanzas no están bien”, declaró, aplomado y realista, el presidente electo de Chile, el derechista José Antonio Kast, el domingo en la noche, en el mitin de la victoria en Santiago. Aunque triunfó con más de 58 por ciento de los votos, contra menos de 42 por ciento de la comunista Jeannette Jara, Kast no se mostró triunfalista. Mantuvo el tono moderado de la campaña, que le permitió suavizar su imagen de radical de derecha y conseguir el apoyo de votantes alejados de los extremos. Incluso, cuando de modo gallardo mencionó a su contendora y eso despertó abucheos, Kast pidió silencio y exigió “respeto por los adversarios políticos”.
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La noticia no impactó solo en Chile. El triunfo de Kast es la quinta victoria consecutiva de la derecha en América Latina este año, en un ciclo iniciado con la reelección de Daniel Noboa, en Ecuador, en abril. Vinieron luego las elecciones de Bolivia, en octubre, que ganó el centroderechista Rodrigo Paz; las parlamentarias de Argentina, también en octubre, donde se impusieron las listas de La Libertad Avanza, del presidente Javier Milei, y las presidenciales de Honduras, en noviembre, que ganó por estrecho margen el derechista Nasry Asfura. Aunque allí falta la confirmación del escrutinio final, la definición es entre Asfura y el liberal centrista Salvador Nasralla, pues la izquierdista Rixi Moncada quedó relegada al tercer lugar, con menos del 20 por ciento de los votos.
Tras la ola que, en el curso de este siglo, tiñó de rosa el mapa de la región con triunfos izquierdistas en Venezuela, Brasil, México, Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú, Chile y Colombia, entre otros, todo indica que la mala gestión económica, el aumento de la inseguridad y los escándalos de corrupción, fenómenos que, de manera generalizada, marcan a las administraciones inspiradas en el socialismo del siglo XXI, han ahuyentado al electorado.
“El caso de Venezuela es quizá el ejemplo más extremo y doloroso de este agotamiento”, escribió este fin de semana en el diario mexicano El Financiero el analista Óscar Mario Beteta. “Bajo el mando del dictador Nicolás Maduro, el país con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta está hundido en una crisis humanitaria y económica sin precedentes”, agregó. El efecto se ha extendido al conjunto de la región: “En Perú, Chile, Colombia, Ecuador, Bolivia y Brasil, el desgaste de gobiernos progresistas está abriendo la puerta a candidaturas que capitalizan el hartazgo, con discursos duros sobre seguridad, austeridad fiscal y anticorrupción”, concluyó.
Javier Milei y José Antonio Kast posando junto a una motosierra. Foto:AFP
“La tendencia podría continuar en los próximos meses”, escribía en octubre, tras la victoria de Paz en Bolivia, el columnista Andrés Oppenheimer en el diario La Nación de Buenos Aires, antes de aclarar que “el giro regional hacia la derecha no es uniforme (pues) en Uruguay ganó recientemente (octubre de 2024) un presidente de izquierda moderada”. Además, agregó, “los dos países más grandes de la región —Brasil y México— tienen gobiernos de centroizquierda; Colombia tiene un presidente izquierdista cada vez más radical, y los dictadores de Venezuela, Cuba y Nicaragua siguen atornillados al poder”.
“Sin embargo —explicó—, si las encuestas se mantienen (…) podría haber un bloque de gobiernos de centro y centroderecha en Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador, y más adelante quizá se les sumen Colombia y —menos probable, pero no imposible— Brasil”. En efecto, para 2026 la expectativa se centra en un apretado calendario electoral en Costa Rica (febrero), Perú (abril), Colombia (mayo y junio) y Brasil (octubre).
El 5-0
Para la derecha, el triunfo de Kast cierra 2025 con broche de oro. El derechista no solo consiguió más de 7,2 millones de votos —algo sin precedentes en Chile—, sino que se impuso en las 16 regiones en que está dividido el país, incluida la capital, Santiago, tradicional fortín de la izquierda.
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No todos son votos de derecha. Como explicaba este lunes el analista Víctor García, en La Nación de Buenos Aires, “el resultado expresa, ante todo, un voto pragmático y defensivo, marcado por la urgencia económica y la demanda de orden”. Para García, “Kast ganó porque logró interpretar un malestar concreto, especialmente en la clase media, que siente que su esfuerzo dejó de traducirse en progreso y estabilidad”.
Un crecimiento económico muy por debajo de los tiempos en que Chile era el milagro económico de la región, el aumento del déficit fiscal del 1,6 por ciento proyectado a un inquietante 2,2 por ciento y un deterioro del mercado laboral representan el lánguido balance que deja el presidente saliente, el izquierdista Gabriel Boric, y que ha golpeado a los sectores de ingresos medios.
Durante los últimos años, ese segmento social ha vivido una sensación persistente de retroceso
“Durante los últimos años, ese segmento social ha vivido una sensación persistente de retroceso”, agregó García, y en esa medida, “el voto por Kast fue también un voto de rechazo…”. Además, “el miedo dejó de ser un fenómeno abstracto y se volvió experiencia cotidiana: delitos violentos y altamente visibles reforzaron una demanda por mano dura”.
Algo similar, sumado a la alta percepción de corrupción, alejó a los votantes ecuatorianos del populismo izquierdista que se instaló en su país con los dos mandatos sucesivos de Rafael Correa (2007 y 2017), y de su sucesor Lenín Moreno (2017-2021), quien, a pesar de romper con Correa, mantuvo el barco ecuatoriano inclinado a la izquierda. La reelección de Noboa, cuando en la segunda vuelta de abril venció con 55,6 por ciento a 44,3 por ciento a la correísta Luisa González, confirmó el giro electoral a la derecha que comenzó con el triunfo del empresario Guillermo Lasso en 2021.
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa. Foto:(EPA) EFE
En octubre, el turno fue para Bolivia. Tras la primera vuelta de agosto —que registró el rotundo fracaso del candidato izquierdista Andrónico Rodríguez, quien apenas obtuvo 8,5 por ciento de los votos—, el expresidente derechista Jorge Quiroga y el centroderechista Rodrigo Paz llegaron al balotaje. Paz —hijo del expresidente Jaime Paz Zamora— resultó ganador con casi 55 por ciento de los votos, lo que marcó el fin de la ola rosa en ese país, iniciada en 2006, cuando Evo Morales asumió la Presidencia y se instaló por casi 14 años en el poder.
A fines de octubre, el populista de derecha Javier Milei, elegido presidente de Argentina en noviembre de 2023, consiguió que las listas de su partido, La Libertad Avanza, se impusieran en las elecciones parlamentarias. Y aunque esa agrupación no consiguió la mayoría absoluta ni en la Cámara ni en el Senado, con el apoyo de algunos aliados, como el partido PRO, del expresidente Mauricio Macri, es claro que Milei podrá sacar adelante su ambiciosa agenda legislativa.
El domingo 30 de noviembre, el turno de caer derrotada fue para la izquierda hondureña. Rixi Moncada, candidata de la presidenta izquierdista Xiomara Castro, obtuvo apenas 19,3 por ciento de los votos y la semana siguiente vio cómo el derechista Nasry Asfura y el centrista liberal Salvador Nasralla peleaban voto a voto en el lento y accidentado conteo electoral. Con el 99 por ciento de las mesas sumadas, Asfura se impone con 40,5 por ciento contra 39,2 por ciento de Nasralla. Si ese resultado queda confirmado por el escrutinio de ley, la derecha habrá ganado cinco de cinco grandes elecciones previstas para 2025 en América latina.
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Votos cruciales en 2026
El calendario del año que viene tiene cuatro citas electorales de importancia, con las presidenciales en Costa Rica (1.º de febrero), las de Perú (12 de abril), las de Colombia (primera vuelta, 31 de mayo) y las de Brasil (primera vuelta, 4 de octubre). Desde ya, las apuestas de los analistas plantean las dos opciones: que el giro a la derecha se confirme, o que la izquierda consiga una o dos victorias para recuperar parte del aliento perdido.
No parece que esto último vaya a ocurrir en Costa Rica. Las encuestas apuntan al triunfo de Laura Fernández Delgado, exministra de Planificación del actual presidente, el populista de centroderecha Rodrigo Chaves. En los sondeos de las semanas recientes registra entre 25 y 38 por ciento de la intención de voto, mientras que los demás candidatos están por debajo del 10 por ciento.
(…) el desenlace de las presidenciales en Colombia es aún incierto, y aunque el liderazgo lo tiene el izquierdista Iván Cepeda, frente a una derecha divida entre varios candidatos.
En Perú, a cuatro meses de la votación, la multiplicación de candidaturas (cerca de 30) no permite a los encuestadores ver con claridad. Aun así, aparece con cierto favoritismo (entre 9 y 15 por ciento) el exalcalde de Lima Rafael López Aliaga, bautizado como el ‘Bolsonaro peruano’ por sus posturas populistas de derecha radical. Le sigue Keiko Fujimori, hija del fallecido exmandatario derechista Alberto Fujimori, quien murió de cáncer en 2024 después de haber pasado década y media en prisión, por corrupción y por delitos relacionados con la represión en su mandato de 1990 a 2000. La izquierda no aparece por ahora con un candidato fuerte.
Entre tanto, el desenlace de las presidenciales en Colombia es aún incierto, y aunque el liderazgo lo tiene el izquierdista Iván Cepeda, frente a una derecha divida entre varios candidatos, es bueno recordar que algo similar ocurría en Chile a mediados del año, cuando la comunista Jara, candidata única de la izquierda desde junio, punteaba con comodidad frente a una derecha con al menos cuatro aspirantes.
Los candidatos Iván Cepeda y Abelardo De La Espriella. Foto:Campañas.
En cuanto a Brasil, a diez meses de la votación, cualquier pronóstico resulta arriesgado para predecir si el país más grande de América Latina también abandonará a la izquierda. Al terminar 2025, el año de las cinco victorias electorales de la derecha en la región, está claro que, por el peso de esos dos países, las elecciones de Colombia y Brasil serán cruciales para definir si el giro derechista se confirma en 2026 o si, por el contrario, la ola rosa tiene una segunda oportunidad.
Mauricio Vargas – Analista senior
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