Tras cuatro años de estar liderada por la izquierda progresista de Gabriel Boric, Chile definirá este domingo a su próximo presidente en una segunda vuelta que enfrenta al ultraconservador José Antonio Kast, favorito en todas las encuestas, y a la izquierdista Jeannette Jara, en una campaña marcada por dos temas centrales: la creciente inseguridad y el aumento de la migración irregular.
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El escenario para esta segunda vuelta es radicalmente opuesto al de las primeras votaciones ocurridas el pasado 16 de noviembre. Entonces, Jara, candidata del Partido Comunista y abanderada del oficialismo, obtuvo el 26,8 por ciento de los sufragios (3,4 millones), un resultado discreto si se tiene en cuenta que las proyecciones le atribuían al menos un 30 por ciento. Por su parte, Kast, del Partido Republicano y referente de la derecha más conservadora, alcanzó el 23,9 por ciento (3 millones).
Pero, inmediatamente después de que se conocieron los resultados, Kast sumó el respaldo del libertario Johannes Kaiser y de la candidata de centroderecha Evelyn Matthei, quienes, en conjunto, lograron más de 3 millones de votos. Este apoyo le permitió consolidar un bloque que lo posiciona como favorito y cuyo pronóstico fue respaldado por las 13 encuestas publicadas hasta la fecha, que lo sitúan por delante de Jara con un margen de entre 12 y 21 puntos porcentuales.
Gran parte de ese respaldo proviene de los votantes de Franco Parisi, quien quedó en tercer lugar al atraer a electores desencantados de ambos lados del espectro político. De acuerdo con la encuesta de Panel Ciudadano del 28 de noviembre, Kast podría captar hasta el 49 por ciento de los 2,5 millones de votos que Parisi obtuvo en la primera vuelta.
El presidente de Chile, Gabriel Boric. Foto:AFP
Si los vaticinios se cumplen, esta elección marcaría un nuevo movimiento del péndulo chileno hacia la derecha, después del ciclo progresista que llevó a Boric al poder, un viraje que varios analistas comparan con lo ocurrido en Bolivia con la llegada de Rodrigo Paz, en donde la crisis económica y el desgaste del socialista MAS reconfiguró el mapa político tras 20 años.
En el caso chileno, cabe mencionar que, en las últimas dos décadas, un presidente no entrega el poder a un sucesor del mismo color político.
“Lo cierto es que Chile se mueve en un péndulo: hace cuatro años eligió a un presidente de izquierda bajo una demanda de cambio, y hoy esa demanda se ha desplazado hacia el orden y la seguridad”, le dijo Marco Moreno, director del Centro de Democracia y Opinión Pública de la Universidad Central de Chile, a este diario, previo a la primera vuelta.
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Los retos del próximo presidente
El endurecimiento de las medidas contra la delincuencia y la regulación de la migración irregular han sido ejes centrales de la estrategia de Kast para ampliar esa base de votantes más allá de la derecha tradicional.
En 2024, la tasa de homicidios en Chile llegó a 6 por cada 100.000 habitantes, más del doble que en 2015, cuando registraba 2,32, aunque todavía por debajo del promedio regional de 15 por cada 100.000, según el Informe nacional de víctimas de homicidios consumados. A ello se suma el aumento de los delitos violentos, en particular los secuestros: desde 2022 el país ha mantenido más de 800 casos anuales de secuestro, según la Fiscalía Nacional chilena.
La encuesta What Worries the World? de Ipsos, publicada en febrero de 2025, confirma esta tendencia: cerca del 67 por ciento de los chilenos identifica el crimen y la violencia como su principal preocupación, mientras que un 66 por ciento considera que combatir la delincuencia debe ser la prioridad del próximo gobierno.
En el caso de Kast, el eje de su propuesta es el llamado Plan Implacable, que contempla el aislamiento total de líderes criminales, la creación de cárceles de máxima seguridad, la prohibición de los denominados “narcofunerales”, la ampliación de las facultades policiales y un paquete de medidas contra el vandalismo —desde procesos judiciales hasta bloqueos para que accedan a becas, subsidios y créditos— que críticos consideran dirigido a contener la protesta social.
Esta es la tercera vez que Kast intenta llegar a la presidencia. Foto:AFP
Jeannette Jara, por su parte, plantea una estrategia de seguridad centrada en el fortalecimiento institucional y la prevención. Su programa incluye aumentar el presupuesto para investigación criminal, modernizar a Carabineros, reforzar programas sociales en territorios con alta presencia de narcotráfico y levantar el secreto bancario para proseguir a los corruptos.
“Voy a usar todas las armas que nos da el Estado de derecho para resguardar la seguridad pública. Si es necesario declarar el estado de emergencia en las calles, voy a hacerlo”, dijo la candidata durante el último debate televisado.
La inmigración —en especial la irregular— también se percibe como uno de los grandes desafíos del país y ha sido ampliamente capitalizada por la derecha. Es la segunda preocupación de los chilenos y un eje central de la campaña, más aún si se tiene en cuenta que Chile alberga cerca de 1,9 millones de extranjeros, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), de los cuales casi 340.000 son indocumentados, en su mayoría venezolanos (252.591 personas).
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En este terreno, Kast propone un giro drástico: militarizar las fronteras, establecer un sistema de detención para migrantes que ingresen de manera irregular, ejecutar expulsiones exprés y sancionar a ONG que se interpongan. Su programa también incluye levantar zanjas y barreras físicas en zonas del desierto de Atacama, además de endurecer los requisitos de residencia y prohibir el acceso a ayudas estatales para quienes no cuenten con estatus regular.
“Queremos siempre cuidar y resguardar el valor de la familia. Pero cuando hay personas que han infringido la ley, tienen que tomar una decisión. Si no quieren llevarse a sus hijos, tendremos que hacernos cargo nosotros”, dijo durante el último debate sobre los padres migrantes irregulares que tienen hijos nacidos en Chile.
“Kast ‘securitiza’ la migración, presentándola como un problema de seguridad nacional y responsabilizando a los migrantes, especialmente a venezolanos, por la crisis de seguridad, sobre todo por la llegada de organizaciones criminales como el Tren de Aragua. Es un discurso que no tiene correlación exacta con la realidad, pero que se ha instalado con fuerza”, añadió Moreno sobre estas propuestas.
A esta crítica se suman advertencias sobre la viabilidad real de las medidas planteadas, especialmente por su escala y sus implicaciones diplomáticas.
“En materia migratoria, Kast ha presentado propuestas muy duras, además de prometer medidas que la evidencia demuestra como irrealizables”, advierte Paulina Astroza, doctora en Ciencias Políticas y Sociales y académica de la Universidad de Concepción, en Chile.
“Expulsar a todos los inmigrantes irregulares, exigirles costear su salida o deportar a más de 300.000 personas es extremadamente difícil. La mayoría son venezolanos y Venezuela no los recibe; además, países vecinos han reforzado sus fronteras anticipando estas medidas. Hay un componente de demagogia”, agrega.
Jara señaló que renunciará a su militancia si gana las elecciones. Foto:EFE
Jara, por su parte, apuesta por una política migratoria “ordenada y realista”. Su propuesta contempla fortalecer el Sistema Nacional de Migraciones para agilizar trámites y coordinar cuotas de ingreso según las necesidades del mercado laboral. También propone un empadronamiento biométrico nacional de seis meses para identificar a la población extranjera, con expulsión para quienes no se registren.
Para los analistas, esta discusión migratoria —y la forma en que ambos candidatos la abordaron— se queda corta y refleja el clima enrarecido y polarizado que marcó el cierre de campaña.
“Esta fue una campaña agresiva, sobre todo en los últimos días, y eso no es habitual en Chile”, dice Astroza, y añade: “La discusión se centró casi exclusivamente en seguridad y migración, dejando fuera temas fundamentales como niñez, educación primaria, medioambiente o desarrollo económico. La ciudadanía quedó perpleja ante un diálogo de sordos que no ofreció respuestas a cuestiones clave”.
En paralelo, persiste la preocupación de que un eventual gobierno de Kast impulse recortes en ayudas sociales y acelere el aumento de la desigualdad, un temor especialmente sensible en un país donde las demandas por mayor protección social y redistribución fueron centrales tras el estallido de 2019. El plan de ajuste fiscal que propone el candidato se centra en recortar unos 6.000 millones de dólares del gasto estatal durante los primeros 18 meses.
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El tablero político que enfrentará el próximo gobierno
Sin importar quién gane, el nuevo mandatario aterrizará en un Parlamento renovado e inclinado levemente hacia la derecha. El pasado 16 de noviembre, Chile no solo votó por presidente, sino que también eligió una nueva Cámara de Diputados y renovó 23 de los 50 escaños del Senado. El panorama muestra un avance del bloque conservador, pero con una izquierda que logró contener las pérdidas.
En el Senado, la derecha obtuvo 25 curules y la izquierda 23, mientras dos independientes podrían inclinar la balanza. Si estos se alinean con Unidad por Chile, la coalición que respalda a Jara, el Senado quedaría equilibrado.
Chile se prepara para la segunda vuelta presidencial de este domingo. Foto:EFE
En la Cámara de Diputados, en cambio, la izquierda sufrió un mayor revés. Pasó de tener 69 de los 155 escaños a 61. La coalición que apoya a Kast dio un salto notable, de 15 a 42 sillas, y aunque Chile Grande y Unido, de Evelyn Matthei, perdió 19 escaños, retuvo 34, lo que le permite a la derecha sumar en conjunto 76 curules, apenas dos menos que la mayoría absoluta. El Partido de la Gente (PDG), de Parisi, también creció, de 6 a 14 diputados.
“Ninguno de los dos tendrá mayoría en la Cámara de Diputados y dependerán del Partido de la Gente, mientras que el Senado está extremadamente equilibrado”, subrayó Astroza. “Eso condicionará todas las reformas y marcará el ritmo político del próximo gobierno”.
CAMILO A. CASTILLO – Subeditor Internacional – X: (@camiloandres894)
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